Misiones en Bolivia

Nada más llegar al aeropuerto, comenzaba a ser ya notorio que el Señor ya empezaba a hacer “de las suyas”, dándonos plaza en un vuelo con “overbooking” nada más llegar, y embarcándonos en un vuelo de 12 horas rumbo a Santa Cruz, para después cambiar de avión y llegar a La Paz….que paliza…

Llegados a La Paz, nos vinieron a buscar al aeropuerto Pepe (el párroco de Jesús Obrero, la parroquia que “patrocinaba” nuestra estancia allí) y sus “secuaces” (qué tesoro es la Iglesia, y qué gente hay dentro, impresionante debo decir…) :-).

Frijolito

Lo que hemos vivido en esta parroquia ha sido algo rompedor para nosotros. La acogida, el trato, y las muestras de cariño recibidas, absolutamente inmerecidas por nuestra parte, han sido tan desbordantes que nos han hecho romper a llorar a más de uno del grupo en algún momento. Eso es amor gratuito, eso es afecto, y eso es brindar a alguien a quien no conoces de nada todo tu corazón, y abrirte de par en par, en lo que tienes y en lo que eres. Una lección de hospitalidad y de cómo ser Iglesia y ser parroquia ha sido el resumen de nuestra experiencia en un sitio tan frío y con una pobreza tan hiriente como de la que hemos sido testigos.

En el Alto

Una parroquia con una experiencia de comunidad y fraternidad honda, y profundamente misionera, es Jesús Obrero. De la nada, del frío, entre las supersticiones populares de la gente, y con unas condiciones de vida extremas, el Señor ha hecho brotar un oasis en medio del Alto, a través del padre Pepe, sacerdote murciano, que ya hace 17 años que marchó a vivir allí: Cursillos de cristiandad, prematrimoniales, oraciones de Taizé, una pastoral de jóvenes que no deja de crecer y cambiar la vida de muchos jóvenes que se encuentran personalmente con Cristo, y proyectos sociales para discapacitados y niños abandonados, entre otras muchas cosas. Todo esto tuvimos la Gracia de visitar, mientras nos acogían varias familias pertenecientes a la parroquia (merecerían unas hojas sólo para ellos). Un mundo diferente al nuestro de España, lleno de gente cariñosa y con unos niños que nos han encandilado a más de uno… (no penséis tampoco que esto es Alicia en el País de las Maravillas, hay problemas como en todas partes…jeje…).

Con los niños

Con los niños

Sólo llevábamos una semana y ya os podéis imaginar la densidad de lo vivido. Ya nos esperaba otro avión, y unas condiciones radicalmente distintas en Cobija, en mitad de la selva amazónica. Tras 30 minutos de avión, pasamos del frío invernal, la sequedad y los 4.100 m. de altura del Alto; a unas condiciones de treinta y pico grados, una humedad asfixiante y un paisaje de selva, lleno de mosquitos. Otro impacto visual nada más bajarnos del avión: un paisaje lleno de motocicletas, que más parecía Brasil o Cuba que Bolivia, fue lo que nos encontramos yendo hacia la casa de Caritas en Cobija, llevados por el padre Marcelo, sacerdote de allí. Nos esperaban allí la hermana Pía y su gente, (gracias especialmente a Juan Carlos, Yisela, Jose y Jordan si me leen, y si no también) y nos tenían preparado un programa bien denso…

Para empezar, misión rural, esto es: adentrarse en la selva, a 1 hora y media de Cobija, a una comunidad llamada Nareuda, donde hacía más de 25 años que no

El agua "cristalina"

El agua cristalina

se celebraba la Eucaristía. Y allá que fuimos. Anunciando el Evangelio puerta por puerta, y convocando a la gente a través de la oración y la música a celebrar con nosotros que Cristo les amaba y nos había llamado a nosotros a verlos. A visitar a Sus preferidos y celebrar el Bautismo de varios de ellos nos enviaba el Señor. Es tremendo llegar a un lugar en mitad de la selva por la mañana, y por la tarde saber que el Señor, por medio de la Iglesia, te elige padrino de Bautismo de una niña. Organizamos partidos de fútbol, dimos catequesis, nos bañamos en el río y yo personalmente pude sentir una vida, y también una muerte interior, muy especiales y muy hondas.

Bautizos

Bautizos

La misión es algo purificador, que te hace encontrarte con tu verdad más honda y con tus zonas internas más muertas, para que nazca en ti una vida distinta. Todo fue muy duro para nosotros, pero de una belleza especial. Tras volver de allí, tuvimos otra experiencia muy similar, y todavía más dura por las condiciones, en Puerto Oro (otra comunidad muy parecida, en la que celebramos 11 bautismos y 4 unciones de enfermos).

Después fuimos a Cobija de nuevo, y ya con otro sentir, empezamos a visitar colegios, ir a la radio, dar la Comunión a enfermos y conocer la Iglesia local de la ciudad. Estábamos entregando la vida nueva que se nos había regalado en toda la experiencia anterior, a la propia gente de allí.

Mediante nosotros, vasijas de barro, el Señor llamaba a la esperanza a aquella gente, a vivir que es posible salir de la miseria, y a comprobar que Él hace las cosas nuevas allí donde entra.

Nos han pedido que volvamos, y sabemos que tenemos que volver. No se puede entrar en la vida de la gente para desaparecer después como el que nunca estuvo. Sabemos que hay algo como comunidad de San Miguel a lo que se nos llama en Cobija y en el Alto, y que ésto fue sólo una toma de contacto. El Señor sabrá sus propios planes, y desde aquí en San Miguel intentaremos abrir bien los oídos y el corazón para conocer Su voluntad, el verano que viene.