Con Chicha y Limona

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No pienses…


No pienses, déjate llevar. Eso es solo lo que te pido: no pienses. ¿Me harás ese favor?
Es un gran alivio que no pienses, tanto para ti como para mí. ¿Por qué? Estás diciéndote para ti. Uffff, empezamos mal. Ya estás pensando. El principal paso para no pensar es no preguntarse el porqué de las cosas. No preguntes. ¿De acuerdo? Déjate llevar. Pero, por qué, te vuelves a repetir. Estás siendo bastante rebelde. Te voy a poner un ejemplo para que lo imites. Estudiante universitario tiene un examen al día siguiente:

“Menudo bodrio de clase y que rollazo. Y mañana examen…habrá que estudiar. Me da tiempo, tengo toda la tarde”. Sale de clase, y se encuentra con sus amigos de la otra clase: “Vamos a tomar algo, vente”. “Tengo que estudiar, mañana tengo un examen importante”. “Bueno, solo será un rato”. Nuestro querido estudiando accede. Al final está dos horas. Llega a casa. Deja los libros. Está cansado y con pocas ganas de hacer nada. Se sienta en el sofá, coge el mando, enciende la televisión y está una hora hasta que se acuerda de su examen.

De pronto, se acuerda que ayer le mandó un email a una amiga y quiere comprobar si le ha contestado. Se dirige hacia la habitación, enciende el ordenador, entra en Internet, efectivamente, le ha contestado. Está otra hora en el ciberespacio. Vuelve a acordarse del examen. Apaga el ordenador, se sienta en la mesa, abre el libro para estudiar y le llama su amiga, la del email: “Nos vamos de fiesta unos amigos y yo, no te lo pierdas”.

El estudiante se introduce en sus apetencias y no razona, solo siente que le tira más irse de fiesta, y se va. No hemos dicho que tiene mal un riñón y no puede beber alcohol. Pero la fiesta sin alcohol es aburrida. Se encuentra con sus amigos y no necesitan convencerle de que una copita no le va a sentar mal….¿tengo que seguir con la historia nocturna…? Creo que no, ya te puedes imaginar. Eso sí, al día siguiente ¿quién se levantó para el examen? Él, desde luego que no.

¿Has visto que sencillo? No pienses. Haz lo que te apetezca. Esa es la felicidad. Muévete como si fueras un animal. Claro, eso es, muy bien lo dices, eres un animal. Desecha el pensamiento de que eres un humano, con inteligencia, voluntad…nada de eso… como empieces a pensar en esto te vas a crear muchos problemas y te van a coartar tu libertad, LIBERTAD, LIBERTAD…

Bien, has caído en la trampa.

“El ser humano manifiesta tan gran ansia de libertad porque su aspiración fundamental es la aspiración a la felicidad, y porque comprende que no existe felicidad sin amor, ni amor sin libertad; y así es exactamente. El hombre ha sido creado por amor y para amar, y sólo puede hallar la felicidad amando y siendo amado”. Son palabras de Jacques Philippe recogidas en su libro La libertad interior.

Te mueves en la vida como un objeto y tratas a los demás como tales y los demás también te tratan del mismo modo. Te mueves en todos los ámbitos de tu vida para conseguir aquello que más te apetece y te produce una sensación de felicidad. Pero no eres feliz.

“El problema es que a veces el hombre ama al revés; se ama egoístamente a sí mismo y termina sintiéndose frustrado, porque solo un amor auténtico es capaz de colmarlo. […] No existe amor sin libertad: un amor que proceda de la coacción, del interés o de la simple satisfacción de una necesidad no merece ser llamado amor. El amor no se cobra ni se compra. El verdadero amor, y por tanto el amor dichoso, sólo existe entre personas que disponen libremente de ellas mismas para entregarse al otro”, continúa Jacques Philips en su libro.

Y así es, la vida es un encuentro con el otro, y para encontrarte tú has de encontrarte con la otra persona. Es lo que afirma Alfonso López Quintás en su libro Descubrir la grandeza de la vida: “Encontrarse no se reduce a estar cerca, sino a entrar en juego para enriquecerse mutuamente. En este campo de interacción operativa participamos el uno de la vida del otro y compartimos nuestros gozos y nuestras penas, nuestros problemas y nuestros éxitos. En el ámbito del encuentro se supera la escisión entre el dentro y el fuera, el aquí y el allí, lo mío y lo tuyo”.

Y el mayor encuentro, el que colma toda la vida es el de alguien muy Grande, ¿adivinas de quién se trata? Sí, muy bien, has acertado. DIOS. El verdadero encuentro con Él se produce no solo a través de los demás, sino también en la oración, en la que te abres a Él, compartes tu vida, te presentas ante Él sin máscaras ni disfraces, con tu miseria, tu pobreza. Y en ese encuentro, Él te habla, y mucho más que eso, Él te ama. Abre tus puertas de par en par a Quien te puede colmar de verdadera felicidad.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. (Jn 3, 16)