Con Chicha y Limona

Artículos         Crítica         Noticias  






Y tú…¿Dónde pones tu esperanza?

cadenas-rotas

“LLevo la cadena que forjé en vida –replicó el espectro-. La forjé eslabón a eslabón, yarda a yarda; y me la ceñí por propia voluntad y por mi propia voluntad cargué con ella. ¿Te parece ajena a ti?”, son las palabras que el espíritu de Marley dirige al que fue su socio, Scrooge en la famosa obra de Charles Dickens, Cuento de Navidad.

Cadenas que no rompió en vida y cuyo grosor iba aumentando cada vez que se ocupaba más de sí mismo y menos de los demás. A medida que su egoísmo se hacía cada vez mayor, esas cadenas eran cada vez más gruesas y pesadas, y, por tanto, más difíciles de llevar, aunque Marley no se daba cuenta de ello.

Y por eso, se le aparece a Scrooge, para que no le ocurra lo mismo, y aproveche el tiempo que le queda de vida en hacer buenos negocios como le manifiesta Marley: “¡Mi negocio tenía que haber sido la humanidad! ¡Mi negocio tenía que haber sido el bienestar general! ¡La caridad, la compasión, la clemencia y la benevolencia tenían que haber sido solo ellas, mi negocio! ¡Los asuntos de mi despacho no eran más que una gota de agua en el vasto océano de mi negocio!”.

Ante esto nos preguntamos: “¿Dónde ponemos nuestro amor, nuestra libertad, nuestro corazón?”.

Consumismo en rebajas, drogas, soledad, noche, luces, alcohol, tristeza, compras, vacío, desesperanza, aborto, angustia, sinsentido, cultura de la muerte, desesperación, suicidio, superficialidad, ansiedad, materialismo, depresión, histeria, desilusión, oscuridad, ruido, odio, discusiones, peleas, asesinatos, locura, insatisfacción, rencor, brujería, superstición, sectas, placer, ruptura, caos, la nada… Todo esto bajo la envoltura de la felicidad ¡¡¡se puede adquirir a un bajo precio!!! Pero, oh, cuando lo abrimos y descubrimos la trampa y el engaño. ¿Qué alto precio se paga por ello?: la muerte. Eso es, ¡cuánta gente vive en la nada…! ¿Dónde pones tu esperanza?

Vacío con apariencia de felicidad, vacío que no deja escapar el alma helada por el frío profundo y penetrante, es el invierno, donde la vida y el amor no existen, y ante un acontecimiento como la Navidad solo cabe exclamar: “¡Paparruchas!”, como hacía Scrooge.

Cuántas oportunidades desaprovechamos en la vida para dar amor: un pobre en la calle al que podemos sonreír, darle una moneda o algo de comer; la visita a un anciano que está solo; una llamada a un amigo que está triste, escuchar al que está a nuestro lado…pero tenemos tantas distracciones, tantos ídolos a los que adorar: el dinero, el trabajo, las compras, la televisión, y otros tantos caprichos inútiles que solo llenan los vacíos de nuestro corazón de manera momentánea, dejando huecos que piden a gritos ser colmados de amor.

No nos damos cuenta pero somos esclavos. Gruesas cadenas envuelven nuestro corazón y no le dejan bombear con libertad, y otras cadenas similares atan nuestras manos impidiéndonos utilizarlas. Ante el cadáver que el Espíritu de las Navidades Futuras mostró a Scrooge, éste pensó acerca de la muerte que “ no se trata de que la mano sea pesada, y caiga cuando la sueltes; no se trata de que el corazón y el pulso se hayan detenido; sino de que la mano era abierta, generosa y sincera; y el corazón valiente, cálido y tierno; y el pulso viril. ¡Golpea Sombra, golpea! ¡Y verás como sus buenas obras manan de las heridas para sembrar el mundo de vida inmortal”.

Solo un corazón que late de amor derrama amor. Y de esto se dio cuenta, finalmente, nuestro querido amigo Scrooge quien exclamó convencido: “Le haré los honores a la Navidad de todo corazón, e intentaré mantener su espíritu todo el año”.

Se acerca la Navidad, el Niño Jesús, el Amor va a nacer y quiere hacerlo en nuestro corazón. ¿Has arrancado las cadenas que envuelven a tu corazón?

Abre tus puertas de par en par a Quien te puede colmar de verdadera felicidad.