Moral

Bienvenidos a esta sección de la web de la parroquia en donde colgamos las sesiones de formación de moral.
Es inevitable en el tiempo en estamos, sentirse atacado, tener dudas o no saber cómo actuar o qué decir, y lo más importante, el porque de las cosas. Desde aquí queremos ofrecer un lugar donde poder encontrar alguna respuesta a las preguntas que nos hacemos todos.
Recordad que tenéis el foro para posibles comentarios, dudas o sugerencias, y el propio aula de formación los respectivos lunes.
SESIÓN 3; EVOLUCIÓN Y REVELACIÓN
SESIÓN 1; RELATIVISMO
Relativo y Relativismo
Objetivo Subjetivo
Relativismo Ético
Pensamiento Relativista Actual: Metafísico, gnoseológico y moral
Relativo y Relativismo
La persona es un ser sensitivo que está en relación con el entorno que le rodea. En esta cultura en la que vivmos el relativismo empapa la sociedad, que a la vez desemboca en la intolerancia.
Con el relativismo se afirma que nada es veraddero o falso, sino que depende del cristal según se mire. Nada es verdad, nada es mentira. Pero sin embargo el hombre está llamado a buscar el bien; bien y ética están unidos; tarea que se ve impedida al plantear desde el origen la inexistencia de la certeza, de la verdad. Pero en la vida existen bienes, verdades absolutas, que lo son, mas allá de la percepción subjetiva. Comer, respirar; es un bien necesario para todos, lo relativo será la cantidad, no siendo la misma para un bebe o para un adulto; pero todo necesitan de ello.
Relativo, procede de relación, una dependencia objetiva, estando todo relacionado, pudiendo tener una misma realidad diferentes relaciones. Así, una misma mujer, según la realción será hija, relativa a su padre; esposa, relativa a su marido; madre, relativa a sus hijos; enfermera, relativa a sus pacientes; … no pudiendo relacionarse un padre como lo hace su marido, o los hijos como lo hace el esposo.
Relativismo es la concepción subjetiva de la realidad. La realidad es objetiva, pero el pensamiento relativista coloca al sujeto en el centro, no importando la realidad, sino mi pensamiento sobre ella. Las cosas son lo que yo digo que son. Subjetivismo.
El hombre es libre. Esta libertad es para buscar el bien, el cual, no es subjetivista, sino que lo es por sí mismo (aunque todo el mundo afirmase que es bueno lo malo; lo bueno, seguiría siendo bueno, y lo malo, malo) Este bien, es reconocido “intiutivamente” por el hombre, gracias a la conciencia, que es común a todo hombre, más allá de cultura, religión o época.
El relativismo es hacer violencia a contra la verdad, abriendo la puerta a la indiferencia, “todo vale”; perdiendo por ello, parte de la razón, ya que la verdad es el fin de la razón. Este relativismo en el que todo vale, es imposible realizar una ética, que es necesaria, no ya para descubrir el bien, sino para alcanzarlo.
Si el bien fuese relativo, violador, asesino, ladrón,… pueden justificar sus actos como buenos. Pero el bien es objetivo, es lo que edifica al sujeto. De no ser así, la injusticia, no sería denunciable.
En el conocimiento de la realidad el sujeto se ha de adaptar a ella; pero el hombre, por orgullo, en busca de una autorealización, adapata la realidad a sí mismo, tiñiéndola o adaptándola según mi necesidad o mi objetivo personal. El subjetivismo deforma por tanto la realidad llegando a pensar que lo conveniente para mí es lo bueno. Sin embargo, el bien, es lo mejorar él y todos.
Relativismo Ético
No hay nada bueno o malo. El bien o el mal es lo que cada uno percibe. Este relativismo está fomentado por el pensamiento democrático, ya que se extrapola incluso hasta la metafísica, afirmándo que lo que no es demostrable, no es científico. El pensamiento empírico anula todo aquello que no pueda verificar por mi propia experiencia.
Pero la vida muestra como la experiencia es limitada. Si reduzco la realidad a lo que yo puedo verificar, muy pocas cosas quedarán en pie. La história no puede ser veíficada por mí mismo. La mayoría de mis conocimientos geográficos, pero incluso teorías científicas no son experimentables, por no hablar de los sentimientos ajenos. El conocimiento necesita en la confianza para poder desarrollarse.
Relativismo Gnoseológico (conocimiento)
Si la verdad es relativa, la verdad no existe. La verdad no puede ser limitada por ninguna cultura o política que se arrogue poseedor de la verdad. La propia Iglesia no se adueña de la verdad que anuncia, ya que no le pertenece a ella, sino a Jesús. El Papa está al servicio de la Verdad.
Relativismo Moral
El bien y el mal no son culturales; una cultura es buena cuando busca el bien, sino, no merece el título de cultura. cultura=cultivar)
El relativismo ético y gnoseológico son la preparación para el relativismo moral, quedando vacios los absolutos morales, ya no hay actos que son en su propia naturaleza malos, matar, robar, adulterar,…
¿Qué afirma la Iglesia?
El Catecismo de la Iglesia Católica, CIC, en el número 1756, afirma que es erróneo considerar en un acto los marcos o las intenciones para valorarla. Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias [ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.] que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.
El hombre que busca la realidad es un hombre virtuoso, bueno, que sabe discernir entre lo virtuoso y el vicio. Ésta la ética del hombre, cuando no la busca, se deshumaniza.
SESIÓN 2; MORAL FUNDAMENTAL
MORAL
El término molar viene del Latín Mos-ris. Que significa costumbre; sería la ciencia de las costumbres. El saber racional que estudia el estilo de costumbres que se viven. Pero a su vez, mores, proviene de griego ethos, que tiene el mismo significado que mos, es decir, costumbre.
Ambos vocablos quieren significar las dos dimensiones que entrañan la conducta humana, la individual y la social, sin sepáralas, ya que el individuo es social por naturaleza, por lo que para la rectitud de la conducta debe cubrir ambos campos; la individual, y la colectiva.
¿Ética o Moral?
Las lenguas modernas han recibido ambos vocablos de la cultura grecorromana, y es frecuente que se usen indistintamente. Filosóficamente, significan lo mismo, una procede del latín, y otro del griego, y en ambos significa la ciencia de las costumbres. No obstante, el término ética, se ha reservado para la disciplina filosófica, mientras que moral, se ha reservado para la ética religiosa. Pero como de hecho, ambos significan lo mismo, se está volviendo a usar indistintamente ética o moral.
MORAL FUNDAMENTAL
Es común a las diversas ciencias dividirse en dos partes: Fundamental y Especial. En la primera se exponen los principios y en la segunda los contenidos específicos de esa parcela del saber.
Pues bien, lo mismo ocurre en la Teología Moral: La Fundamental estudia los principios básicos del actuar moral del cristianismo; la Especial contempla los temas concretos en los que se desenvuelve la vida del hombre y la mujer bautizados, de acuerdo con el mensaje moral predicado por Jesucristo.
En la teología fundamental y especial se divide la moral teológica desde que santo Tomás de Aquino estudia las cuestiones fundamentales en la Suma Teológica I-II, qq. 1-114 y el tratado especial de las virtudes en la II-II, qq. 1-189. Este conjunto de 303 cuestiones, que abracan 1542 artículos, bajo uno u otro esquema, es el marco en el que se desarrollan los dos tratados de la teología Moral desde el siglo XIII.
1. Esquema del tratado académico de la Moral Fundamental.
La Moral Fundamental estudia y justifica racionalmente los principios que rigen la conducta del creyente. De ordinario, el esquema de un manual de esta disciplina académica se articula sobre cuatro temas fundamentales, que son, a su vez, los que justifica la moralidad de una acción: la libertad, la conciencia, la norma moral, y las “fuentes de la moralidad”.
Libertad: Sin libertad, no se da la acción moral: ésta podría ocasionar bienes o males físicos sin cuento, pero, como afirma Nicolai Hartmann, no tendrían calificativo moral. A quien actúa sin libertad no cabe atribuirle la responsabilidad de sus actos.
Conciencia: La conciencia es el juicio que permite al hombre actuar de acuerdo con el dictamen de que emite el santuario de su alma, es “el recinto más íntimo, en donde resuena la voz de Dios” GS 16. La conciencia de cada individuo es tan decisiva, que, en opinión de Orígenes, es “el alma del alma” de la persona.
Norma Moral: Pero ni la Libertad ni la Conciencia son constitutivas de la bondad o de la maldad de una acción, no crean el bien o el mal, sino que ambas deben atender a la ley divina, en el que captan la verdad de la acción que están llamadas a ejecutar. Es así como entra en juego la ley moral, no como un simple imperativo ético, sino como una llamada a la verdad a la que el hombre debe seguir. La libertad y la conciencia están abiertas a la verdad y al bien que se muestran radicalmente en el querer de Dios, manifestando sus preceptos.
Fuentes de la moralidad: En el momento en el que el creyente se decida a actuar, debe considerar tres aspectos fundamentales: la acción concreta –el objeto- que intenta realizar, el fin que persigue y las circunstancias que concurren. Estos tres elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos, son los denominados, “fuentes de la moralidad”.
En efecto, a) Libertad, si la libertad es el supuesto de la conducta moral, la libertad cristiana no es la simple libertad psicológica, dejada al arbitrio de la elección, sino que está engendrada por la gracia. Al fin y al cabo, la revelación muestra como la redención alcanzada por cristo orienta y engrandece el campo de la libertad humana. San Pablo (Gal 5, 13 y Rom 4, 25) recomienda el recto uso que se ha de hacer (Rom 6, 15 y 1Cor 6, 12; 8, 9-13).
La axiología cristiana es bien distinta de la escala de valores que impulsa la libertad psicológica para decidirse y para elegir determinadas acciones.
Exposición Bíblica de la Moral Fundamental
Con el fin de que la Moral Fundamental sea capaz de descubrir y desarrollar esos elementos esenciales del actuar ético cristiano, es lógico que este tratado se detenga en el estudio y exposición de la moral bíblica. De modo especial, debe reflexionar sobre el mensaje moral vivido y predicado por Jesucristo. Además, ha de extenderse en captar y explicar la vida moral de los primeros cristianos, tal como se expresa en los demás escritos del Nuevo Testamento. Finalmente, el profesional de la moral fundamental tiene que tener a la vista el desarrollo y la comprensión que del mensaje moral cristiano ha tenido la Tradición y cómo ha sido interpretado por el Magisterio de la Iglesia .
Un cristiano es una nueva criatura, por el bautismo, su actuar debe ser ejemplar por que está configurado a Cristo, hombre perfecto
Moral Pública y Moral Privada
Existen sociedades de bajo nivel de moralidad producido por la corrupción colectiva, reconocida y en ocasiones provocada por leyes permisivas.
En la ética social deberían defenderse aquellos valores que contribuyen al bien común. Pero resulta que, precisamente, tampoco hay acuerdo sobre lo que se entiende por bien común, dado que, sin discutirlo, en el ámbito político, se ha sustituido bien común por estado de bienestar.
SESIÓN 3; EVOLUCIÓN Y REVELACIÓN
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS MIEMBROS DE LA ACADEMIA PONTIFICIA DE CIENCIAS
Con gran placer le dirijo un cordial saludo a usted, señor presidente, y a todos vosotros que constituís la Academia pontificia de ciencias, con ocasión de vuestra asamblea plenaria. Felicito, en particular, a los nuevos académicos, que han venido para participar por primera vez en vuestros trabajos. Quiero recordar también a los académicos fallecidos durante el año pasado, a quienes encomiendo al Señor de la vida.
1. Al celebrarse el sexagésimo aniversario de la refundación de la Academia, me complace recordar los propósitos de mi predecesor Pío XI, que quiso rodearse de un grupo elegido de sabios, esperando que informaran con toda libertad a la Santa Sede sobre el desarrollo de la investigación científica, y que así le ayudaran en sus reflexiones.
A quienes solía llamar el Senatus scientificus de la Iglesia, les pedía que sirvieran a la verdad. Es la misma invitación que os renuevo hoy, con la certeza de que podremos aprovechar la «fecundidad de un diálogo confiado entre la Iglesia y la ciencia», (cf. Discurso a la Academia de ciencias, 28 de octubre de 1986: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 16 de noviembre de 1986, p. 15).
2. Me alegra el primer tema que habéis elegido, el del origen de la vida y de la evolución, tema esencial que interesa mucho a la Iglesia, puesto que la Revelación, por su parte, contiene enseñanzas relativas a la naturaleza y a los orígenes del hombre. ¿Coinciden las conclusiones a las que llegan las diversas disciplinas científicas con las que contiene el mensaje de la Revelación? Si, a primera vista, puede parecer que se encuentran oposiciones, ¿en qué dirección hay que buscar su solución? Sabemos que la verdad no puede contradecir a la verdad (cf. León XIII, encíclica Providentissimus Deus). Por otra parte, para aclarar mejor la verdad histórica, vuestras investigaciones sobre las relaciones de la Iglesia con la ciencia entre el siglo XVI y el XVIII son de gran importancia.
Durante esta sesión plenaria, hacéis una «reflexión sobre la ciencia en el umbral del tercer milenio», comenzando por determinar los principales problemas creados por las ciencias, que influyen en el futuro de la humanidad. Mediante vuestros trabajos, vais proponiendo soluciones que serán beneficiosas para toda la comunidad humana. Tanto en el campo de la naturaleza inanimada como en el de la animada, la evolución de la ciencia y de sus aplicaciones plantea interrogantes nuevos. La Iglesia podrá comprender mejor su alcance en la medida en que conozca sus aspectos esenciales. Así, según su misión específica podrá brindar criterios para discernir los comportamientos morales a los que todo hombre está llamado, con vistas a su salvación integral.
3. Antes de proponeros algunas reflexiones más específicas sobre el tema del origen de la vida y de la evolución, quisiera recordaros que el Magisterio de la Iglesia ya ha sido llamado a pronunciarse sobre estas materias, en el ámbito de su propia competencia. Deseo citar aquí dos intervenciones.
En su encíclica Humani generis (1950), mi predecesor Pío XII ya había afirmado que no había oposición entre la evolución y la doctrina de la fe sobre el hombre y su vocación, con tal de no perder de vista algunos puntos firmes (cf. AAS 42 [1950], pp. 575-576).
Por mi parte, cuando recibí el 31 de octubre de 1992 a los participantes en la asamblea plenaria de vuestra Academia, tuve la ocasión, a propósito de Galileo, de atraer la atención hacia la necesidad de una hermenéutica rigurosa para la interpretación correcta de la Palabra inspirada. Conviene delimitar bien el sentido propio de la Escritura, descartando interpretaciones indebidas que le hacen decir lo que no tiene intención de decir. Para delimitar bien el campo de su objeto propio, el exégeta y el teólogo deben mantenerse informados acerca de los resultados a los que llegan las ciencias de la naturaleza (cf. AAS 85 [1993], pp. 764-772, Discurso a la Pontificia Comisión Bíblica, 23 de abril de 1993, anunciando el documento sobre La interpretación de la Biblia en la Iglesia: AAS 86 [1994], pp. 232-243).
4. Teniendo en cuenta el estado de las investigaciones científicas de esa época y también las exigencias propias de la teología, la encíclica Humani generis consideraba la doctrina del «evolucionismo» como una hipótesis seria, digna de una investigación y de una reflexión profundas, al igual que la hipótesis opuesta. Pío XII añadía dos condiciones de orden metodológico: que no se adoptara esta opinión como si se tratara de una doctrina cierta y demostrada, y como si se pudiera hacer totalmente abstracción de la Revelación a propósito de las cuestiones que esa doctrina plantea. Enunciaba igualmente la condición necesaria para que esa opinión fuera compatible con la fe cristiana; sobre este aspecto volveré más adelante.
Hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis. En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, de ningún modo buscada o provocada, de los resultados de trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye de suyo un argumento significativo en favor de esta teoría.
¿Cuál es el alcance de dicha teoría? Abordar esta cuestión significa entrar en el campo de la epistemología. Una teoría es una elaboración metacientífica, diferente de los resultados de la observación, pero que es homogénea con ellos. Gracias a ella, una serie de datos y de hechos independientes entre sí pueden relacionarse e interpretarse en una explicación unitaria. La teoría prueba su validez en la medida en que puede verificarse, se mide constantemente por el nivel de los hechos; cuando carece de ellos, manifiesta sus límites y su inadaptación. Entonces, es necesario reformularla.
Además, la elaboración de una teoría como la de la evolución, que obedece a la exigencia de homogeneidad con los datos de la observación, toma ciertas nociones de la filosofía de la naturaleza.
Y, a decir verdad, más que de la teoría de la evolución, conviene hablar de las teorías de la evolución. Esta pluralidad afecta, por una parte, a la diversidad de las explicaciones que se han propuesto con respecto al mecanismo de la evolución, y, por otra, a las diversas filosofías a las que se refiere. Existen también lecturas materialistas y reduccionistas, al igual que lecturas espiritualistas. Aquí el juicio compete propiamente a la filosofía y, luego, a la teología.
5. El Magisterio de la Iglesia está interesado directamente en la cuestión de la evolución, porque influye en la concepción del hombre, acerca del cual la Revelación nos enseña que fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 28-29). La constitución conciliar Gaudium et spes ha expuesto magníficamente esta doctrina, que es uno de los ejes del pensamiento cristiano. Ha recordado que el hombre es «la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma» (n. 24). En otras palabras, el hombre no debería subordinarse, como simple medio o mero instrumento, ni a la especie ni a la sociedad; tiene valor por sí mismo. Es una persona. Por su inteligencia y su voluntad, es capaz de entrar en relación de comunión, de solidaridad y de entrega de sí con sus semejantes. Santo Tomás observa que la semejanza del hombre con Dios reside especialmente en su inteligencia especulativa, porque su relación con el objeto de su conocimiento se asemeja a la relación que Dios tiene con su obra (cf. Summa Theol., I-II, q. 3, a. 5, ad 1). Pero, más aún, el hombre está llamado a entrar en una relación de conocimiento y de amor con Dios mismo, relación que encontrará su plena realización más allá del tiempo, en la eternidad. En el misterio de Cristo resucitado se nos ha revelado toda la profundidad y toda la grandeza de esta vocación (cf. Gaudium et spes, 22). En virtud de su alma espiritual, toda la persona, incluyendo su cuerpo, posee esa dignidad. Pío XII había destacado este punto esencial: el cuerpo humano tiene su origen en la materia viva que existe antes que él, pero el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios («animas enim a Deo immediate creari catholica fides nos retinere iubet»: encíclica Humani generis: AAS 42 [1950], p. 575).
En consecuencia, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías en las que se inspiran, consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Por otra parte, esas teorías son incapaces de fundar la dignidad de la persona.
6. Así pues, refiriéndonos al hombre, podríamos decir que nos encontramos ante una diferencia de orden ontológico, ante un salto ontológico. Pero, plantear esta discontinuidad ontológica, ¿no significa afrontar la continuidad física, que parece ser el hilo conductor de las investigaciones sobre la evolución, y esto en el plano de la física y la química? La consideración del método utilizado en los diversos campos del saber permite poner de acuerdo dos puntos de vista, que parecerían irreconciliables. Las ciencias de la observación describen y miden cada vez con mayor precisión las múltiples manifestaciones de la vida y las inscriben en la línea del tiempo. El momento del paso a lo espiritual no es objeto de una observación de este tipo que, sin embargo, a nivel experimental, puede descubrir una serie de signos muy valiosos del carácter específico del ser humano. Pero la experiencia del saber metafísico, la de la conciencia de sí y de su índole reflexiva, la de la conciencia moral, la de la libertad o, incluso, la experiencia estética y religiosa competen al análisis y de la reflexión filosóficas, mientras que la teología deduce el sentido último según los designios del Creador.
7. Para concluir, quisiera recordar una verdad evangélica capaz de irradiar una luz superior sobre el horizonte de vuestras investigaciones acerca de los orígenes y el desarrollo de la materia viva. En efecto, la Biblia es portadora de un extraordinario mensaje de vida. Dado que caracteriza las formas más elevadas de la existencia, nos da una visión sabia de la vida. Esta visión me ha guiado en la encíclica que he dedicado al respeto de la vida humana y que, precisamente, he titulado Evangelium vitae.
Es significativo que, en el evangelio de san Juan, la vida designa la luz divina que Cristo nos comunica. Estamos llamados a entrar en la vida eterna, es decir, en la eternidad de la felicidad divina.
Para ponernos en guardia contra las tentaciones más grandes que nos acechan, nuestro Señor cita las importantes palabras del Deuteronomio: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Dt 8, 3, cf. Mt 4, 4).
Por otra parte, la vida es uno de los más hermosos títulos que la Biblia ha reconocido a Dios. Él es el Dios vivo.
De todo corazón invoco la abundancia de las bendiciones divinas sobre todos vosotros y vuestros seres queridos.
Vaticano, 22 de octubre de 1996
SESIÓN 4; MORAL SEXUAL
RELACIONES EXTRACONYUGALES
Tanto la reflexión antropológica como la doctrina moral postulan que el ámbito propio de las relaciones sexuales es el matrimonio. No obstante, las relaciones extraconyugales han sido frecuentes en todos los tiempos y en las diversas culturas.
Hay formas diversas de relaciones extraconyugales: entre personas solteras (relaciones prematrimoniales) o adulterinas, de esposos con un cónyuge distinto al suyo o de los casados con personas solteras y al contrario (adulterio)
RELACIONES PREMATRIMONIALES
Con esta expresión se entienden las relaciones sexuales completas entre los novios. Se trata de personas que se aman (o creen sinceramente que se aman) y que se preparan a vivir aquella comunión de vida y de amor que es el matrimonio, pero que por motivos diversos (estudios, trabajo, hipoteca, pobreza, etc.) no están todavía en disposición de casarse. A medida que el diálogo afectivo se va haciendo más comprometido y orienta directamente al matrimonio, los novios aspiran a manifestaciones de amor cada vez más íntimas. Se preguntan entonces, a veces muy sinceramente, por qué no va a ser lícito para ellos la relación íntima completa, considerada como gesto expresivo de un amor auténtico ya desde ahora.
Hoy se percibe una cultura, en amplia medida permisiva, en la que las relaciones prematrimoniales no sólo no se prohíben, sino que a veces incluso se consideran necesarias como demostración de amor.
La extensión de este tipo de relaciones entre los novios ha tomado, en muchos lugares, una proporción tal que muchos lo juzgan como una actitud “normal”, con carta de ciudadanía en todo noviazgo. Las causas de su propagación pueden verse en distintos fenómenos de nuestra época como ser:
–La reducción del amor al sexo.
–La reducción del sexo a la genitalidad.
–La prolongación indefinida de algunos noviazgos.
–El bombardeo de pornografía en los medios de comunicación social.
–La facilidad del recurso a los medios anticonceptivos y la mentalidad anticonceptiva y abortista dentro del mismo matrimonio.
–La pérdida del sentido de la castidad y de la virginidad.
–La falta de educación del carácter y de la afectividad en general.
A esta cultura hay que añadir las condiciones sociológicas que parecen hacer cada vez más difícil la castidad prematrimonial.
La enseñanza tradicional de la moral católica, a pesar de que se rechaza en muchos ambientes, incluso a veces entre creyentes, es bien sabida: el acto conyugal es lícito sólo en el estado matrimonial propio y verdadero, sancionado y hecho irreversible por el sacramento del matrimonio, y por consiguiente reconocido como tal por la Iglesia y por la sociedad civil. El Magisterio de la Iglesia lo ha recordado y confirmado también en nuestros días. Lo hizo en el Vaticano II, cuando declaró que los actos plenamente sexuales son «propios de la vida conyugal” (GS 51), y en la declaración Persona humana de la Congregación para la doctrina de la fe, donde se afirma que «todo acto genital humano tiene que desarrollarse en el marco del matrimonio” (n. 7).
Desde el punto de vista de la reflexión moral, hoy se pone de manifiesto cómo las motivaciones aducidas contra la praxis tan difundida de las relaciones prematrimoniales parecen bastante «débiles”, si se insiste solamente en las consecuencias «peligrosas”, embarazo no deseado con condenación social, bloqueo de la maduración personal y fijación de la relación interpersonal en la esfera sexual, etc. Hay que ofrecer motivaciones que, dentro de una visión antropológica más rica y personalista, resulten más convincentes.
Se trata, en definitiva, de argumentar a partir de la naturaleza misma del amor sexual y de sus auténticas exigencias. El gesto de la entrega sexual completa corresponde a una verdad y es moralmente bueno cuando expresa una plena comunión de vida en todos los niveles, ya que de lo contrario sería un signo que no significa. Esto implica una apertura a las responsabilidades sociales, sin las cuales se reduciría a una forma de egoísmo entre dos. En este sentido, el matrimonio no debe entenderse como un puro requisito formal o exterior como algo extrínseco al amor. El hecho de hacer público el amor a través del matrimonio es una condición que garantiza su autenticidad antropológica. El amor compromete a unas responsabilidades sociales y no es auténtico si no las asume de norma socialmente garantizada. Para el cristiano esta dimensión social del matrimonio tiene un significado particular. el matrimonio es sacramento, es decir, acontecimiento de salvación, encuentro con Cristo, que se lleva a cabo de hecho en la comunidad eclesial y a través de la mediación de la Iglesia.
Pastoralmente es importante promover una formación de las conciencias.
Contra la cultura dominante hay que contribuir eficazmente a hacer que se supere una concepción privatista de la sexualidad, a lograr que se capte el sentido global de la sexualidad, incluida su dimensión social y eclesial, y el sentido profundo de la Institución matrimonial, a procurar que se promueva una política en favor de la familia.
JUICIO MORAL DE LA ENSEÑANZA SOBR LAS RELACIONES PREMATRIMINIALES
Las relaciones prematrimoniales ilícitas por su objeto. ¿Por qué? Fundamentalmente porque la “relación sexual” es la manifestación plena y exclusiva de la conyugalidad, y los novios carecen de la conyugalidad aunque se ordenen a ella y se estén preparando para ella; porque es en la relación sexual donde los esposos alcanzan la máxima unión física y, a través de ella, fomentan la máxima unidad afectiva y espiritual. Allí son “una sola carne” y mediante este acto también “un solo espíritu”. Pero es también la manifestación exclusiva de la conyugalidad porque sólo dentro del matrimonio es lícito realizar la sexualidad.
¿Por qué sólo dentro del matrimonio? Por el lenguaje del cuerpo. El acto sexual es parte del lenguaje humano; tiene un significado único, irrepetible e irrenunciable; y lo que ese acto “dice”, sólo es verdad cuando hay de por medio un compromiso matrimonial definitivo. Una donación es total cuando incluye: –todo cuanto se tiene, –de modo exclusivo, –en el estado más perfecto en que puede estar lo que se dona, –para toda la vida.
Ahora bien, la donación entre los esposos es total cuando incluye: todo cuanto se tiene (cuerpo, alma, afectividad, presente y futuro); de modo exclusivo (es decir, a una sola persona con exclusión de todas las demás); en estado perfecto (no disminuido o deteriorado, como ocurre cuando las capacidades han sido anuladas previamente por medio de anticonceptivos o esterilizantes); para toda la vida (lo cual es garantizado sólo tras el compromiso público que se da en el consentimiento matrimonial). Estos elementos sólo pueden ser vividos en el matrimonio válidamente celebrado.
En la relación prematrimonial, en cambio:
1. –no se da cuanto se tiene: porque no ha dado todo quien aún no ha pronunciado públicamente el “sí matrimonial” : no ha dado su futuro, no ha dado su nombre, no ha dado su compromiso; de hecho el verdadero amor es un acto “oblativo” de don total de sí al otro; en cambio, en la relación sexual prematrimonial (y lo mismo se diga de la extramatrimonial) lo que prima psicológicamente no es la oblatividad sino la búsqueda egoística del placer: el “otro” no es aquél a quien se da sino aquello que se toma para uno;
2 .–no es exclusivo, o al menos no es necesariamente exclusivo: pues la falta del compromiso matrimonial lleva muchas veces a la ruptura del noviazgo (incluso los más serios) y a la instauración de nuevos noviazgos; de este modo las relaciones prematrimoniales se tienen con distintas mujeres o distintos hombres;
3. –no se da generalmente en el estado más perfecto: “las más de las veces excluyen la prole”[1];
4. –no es para toda la vida: pues falta rubricarlo por el único acto que hace irretractable el compromiso, el cual es la celebración válida del matrimonio.
En resumen: “reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal” [2].
2. CONSECUENCIAS DE LAS RELACIONES PREMATRIMONIALES
El análisis de las consecuencias más comunes de las relaciones prematrimoniales refuerza el juicio negativo que de ellas hemos hecho. Entre éstas pueden señalarse[3]:
a) EN EL ORDEN BIOLÓGICO:
–Frigidez: la actividad sexual ejercida por jovencitas de 15 a 18 años puede ser causa de frigidez en épocas posteriores; en algunos estudios, el 45% de las mujeres interrogadas se refirieron a la falta de capacidad de reacción sexual como una consecuencia temible de las relaciones previas al matrimonio; está comprobado que muchas mujeres no son frígidas por constitución, sino a causa de inadecuadas experiencias sexuales antes del matrimonio. Esto provoca en algunos casos el fenómeno de las seudo-lesbianas y de las anfibias, es decir, de las mujeres que buscan el encuentro amoroso con otras mujeres, porque se han quedado decepcionadas de los hombres, o bien alternan indiferentemente la compañía íntima de los hombres con la de las mujeres.
–Enfermedades venéreas: “entre los millares de casos venéreos cuidados –afirma Carnot– nunca encontré uno solo que no tuviese por origen directo o indirecto un desorden sexual”. Entre éstas las más extensas son la sífilis, la blenorragia y actualmente el Sida.
–Embarazos: aunque la mayoría de los novios recurren a la anticoncepción, ésta –como ya se sabe– no es capaz de evitar los embarazos incidentales.
b) EN EL ORDEN PSICOLÓGICO:
–Crea temor: como por lo general las relaciones tienen lugar en la clandestinidad, crean un clima de temor: temor a ser descubiertos, temor a ser traicionados después, temor a la fecundación, temor a la infamia social. Además crean otra alteración pasional que es el temperamento celoso: la falta de vínculo legal hace siempre temer el abandono o desencanto del novio o novia y la búsqueda de satisfacción en otra persona; de hecho no hay ningún vínculo que lo pueda impedir; por eso la vida sexual prematrimonial engendra en los novios un clima de sistemática sospecha de infidelidad.
–Da excesiva importancia al sexo, al instinto sexual, al goce sexual. Esto produce un detrimento en la otras dimensiones del amor: la afectiva y la espiritual. Normalmente esto resiente el mismo noviazgo y luego el matrimonio. Asimismo, esta centralización del amor en el sexo frena el proceso de maduración emocional e intelectual. “Una relación sexual precoz, llevada a cabo regularmente… ejerce también su efecto inhibidor sobre el desarrollo intelectual y la evolución consecutiva de la mente…” (Tumlirz).
–Introduce desigualdad entre el varón y la mujer. De hecho nadie puede negar que en la práctica de las relaciones prematrimoniales quien lleva la peor condición es la mujer. Ésta, en efecto: “pierde la virginidad; se siente esclavizada al novio que busca tener relaciones cada vez con mayor frecuencia; no puede decirle que no, porque tiene miedo que él la deje, reprochándole que ella ya no lo quiere; vive con gran angustia de que sus padres se enteren de sus relaciones; participa de las molestias del acto matrimonial, sin tener la seguridad y la tranquilidad del matrimonio”[4]; vive en el temor de quedar embarazada; si queda embarazada es presionada para que aborte por el novio que la deja sola ante los problemas del embarazo, por familiares y amigos e incluso por instituciones internacionales, fundaciones y asociaciones que luchan por la difusión del aborto en el mundo[5].
c) EN EL ORDEN SOCIAL:
–Casamientos precipitados. La experiencia lo demuestra hasta el cansancio. Los embarazos inintencionales, la infamia social, lleva muchas veces a precipitar el matrimonio cuando se carece de la debida madurez para enfrentarlo y éste a su vez termina en una ruptura ya irreversible.
–Abortos procurados. La experiencia también nos muestra el número cada vez mayor de abortos y sobre todo la relación entre la mentalidad abortista y la mentalidad anticonceptiva [6]. Ahora bien, nadie puede negar que ésta última es el ambiente más común para quienes practican el sexo prematrimonial; consecuentemente, también el aborto será una de sus más nefastas consecuencias.
–Maternidad ilegítima. Cuando no se efectúa el aborto y no se opta por el casamiento apresurado, se termina arrostrando una maternidad ilegítima. También es una de las preocupaciones más acuciantes de nuestra época el problema de las madres solteras adolescentes. Precisamente es uno de los argumentos que se esgrimen a favor de las leyes de educación sexual que reducen ésta a la gratuita instrucción y reparto de anticonceptivos. En general, según algunas estadísticas, el mayor porcentaje de hijos ilegítimos que no son segados por el aborto corresponde a las jóvenes de 15 a 19 años, luego siguen las que tienen entre 20 y 24 años; la tasa más baja es la de las menores de 15 años.
3. CONCLUSIÓN: guardar la castidad antes del matrimonio
La castidad perfecta antes del matrimonio es esencial al amor: “Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad” [7]. Entre otros motivos podemos indicar los siguientes:
a) La castidad es el arma que tiene el joven o la joven para ver si es realmente amado por su pareja. Esto por varias razones:
–Porque si realmente uno ama al otro no lo llevaría al pecado sabiendo que lo degrada ante Dios, le hace perder la gracia y lo expone a la condenación eterna.
–Porque es la única forma que tiene un joven o una joven de demostrar verdaderamente que quiere reservarse exclusivamente para quien habrá de ser su cónyuge. En efecto, al no aceptar tener relaciones con su novio/a, con quien más expuesto a tentaciones está, menos probable es que lo haga con otro. En cambio, si lo hacen entre sí sabiendo que esto puede llevarlos a un matrimonio apurado o a cierta infamia social, ¿qué garantiza que no lo haga también con otros u otras con quienes no tiene compromiso alguno? El no consentir en las relaciones prematrimoniales es un signo de fidelidad; lo contrario puede ser indicio de infidelidad.
–Finalmente, porque el hacer respetar la propia castidad es el arma para saberse verdaderamente amado. En efecto, si la novia solicitada por su novio (o al revés) se niega a tener relaciones por motivos de virtud, pueden ocurrir dos cosas: o bien que su novio respete su decisión y comparta su deseo de castidad, lo cual será la mejor garantía de que él respeta ahora su libertad y por tanto, la seguridad de que la seguirá respetando en el matrimonio; o bien que la amenace con dejarla (y que tal vez lo haga), lo cual solucionará de antemano un futuro fracaso matrimonial, porque si el novio amenaza a su novia (o viceversa) porque ella o él deciden ser virtuosos, quiere decir que el noviazgo se ha fundado sobre el placer y no sobre la virtud, y éste es el terreno sobre el que se fundamentan todos los matrimonios que terminan en el fracaso.
b) La castidad es fundamental para la educación del carácter. El joven o la joven que llegan al noviazgo y se encaminan al matrimonio no pueden eludir la obligación de ayudar a su futuro cónyuge a educar su carácter. La maduración psicológica es un trabajo de toda la vida. Consiste en forjar una voluntad capaz de aferrarse al bien a pesar de las grandes dificultades. Así como los padres se preocupan de ayudar a sus hijos a lograr esta maduración, también el novio debe ayudar a su novia (y viceversa) y el esposo a su esposa. El trabajo sobre la castidad es esencial para ello; porque es una de las principales fuentes de tentaciones para el hombre; consecuentemente es uno de los principales terrenos donde se ejercita el dominio de sí [8]. Quien no trabaja en esto no sólo es un impuro sino que puede llegar a ser un hombre o una mujer despersonalizados, sin carácter [9]. Y así como no tiene dominio sobre sí en el terreno de la castidad, tampoco lo tendrá en otros campos de la psicología humana. El que tiene el hábito de responder a las tentaciones contra la pureza cometiendo actos impuros, responderá a las tentaciones contra la paciencia golpeando a su esposa e hijos, responderá a las dificultades de la vida deprimiéndose, responderá a la tentación de codicia robando y faltando a la justicia, y responderá a la tentación contra la esperanza quitándose la vida.
c) La castidad es esencial porque la verdadera felicidad está fundada sobre la virtud. Ahora bien, las virtudes guardan conexión entre sí. No se puede, por tanto, esperar que se vivan las demás virtudes propias del noviazgo y del matrimonio si no se vive la castidad. Si no se vive la castidad, ¿por qué habría de vivirse la fidelidad, la abnegación, el sacrificio, el compañerismo, la esperanza, la confianza, el apoyo, etc.? La castidad no es la más difícil de las virtudes; al menos no siempre es más difícil que la humildad o la paciencia cuando la intimidad matrimonial empieza a mostrar los defectos del cónyuge que no se veían en el idilio del noviazgo. Por eso la guarda de la pureza es garantía de que se está dispuesto a adquirir las demás virtudes.
Por eso podemos concluir: el amor que no sabe esperar no es amor; el amor que no se sacrifica no es amor; el amor que no es virtud no es amor.
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[1] Cf. Persona humana, nº 7.
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2350.
[3] Cf. José María del Col, Relaciones prematrimoniales, Ed. Don Bosco, Bs.As. 1975, pp. 169-221. Las estadísticas y citas las tomo de este estudio.
[4] P. CARLOS BUELA, Modernos ataques contra la familia, Rev. Mikael nº 15 (1977), p. 39.
[5] “En la decisión sobre la muerte del niño aún no nacido, además de la madre… puede ser culpable el padre del niño, no sólo cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino también cuando favorece de modo indirecto esta decisión suya al dejarla sola ante los problemas del embarazo… (Los) familiares y amigos. No raramente la mujer está sometida a presiones tan fuertes que se siente psicológicamente obligada a ceder al aborto” (Evangelium vitae, 59).
[6] Cf. Evangelium vitae, 13
[7] “La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2339).
[8] Juan Pablo II ha afirmado, por eso, que la persona humana tiene como “constitutivo fundamental” el dominio de sí (Catequesis de 22/VIII/84; en L´Osservatore Romano (español), 26/VIII/84, p.523, nº 1): “el hombre es persona precisamente porque es dueño de sí y se domina a sí mismo” (ibid, nº 5), “el dominio de sí corresponde a la constitución fundamental de la persona”.

