Javierada Familiar

La experiencia que tuvimos el pasado Mayo en Javier fue sin duda uno de estos regalitos del Señor que uno no se espera y que deja un sabor de boca tan bueno que todavía después de varios meses sigo dando gracias por esos días. Para mí fue tan importante que incluso lo compartí como testimonio en una convivencia a la que nos invitaron cuando estuvimos este verano en Bolivia. Os cuento:

De camino a Javier

De camino a Javier

Ya nos habíamos dado cuenta de lo importante que es trabajar con las familias, hacer partícipes a los padres (hermanos, abuelos) de las actividadesque hacemos con los niños de catequesis. Los dos años anteriores y a petición de algunos padres habíamos hecho excursiones de un día con los niños y con sus familias. Dado el buen resultado de estas, decidimos dar un pasito más y atrevernos a organizar una salida de 3 días en el Puente de Mayo: Una Javierada Familiar. No sabíamos como iba a salir, si la gente se apuntaría. Estaban invitados los chavales, sus familias pero también los catequistas, monitores o jóvenes (con sus padres, claro). Finalmente, resulto una experiencia increíble y sobre todo muy enriquecedora. Fue una cosa sencilla, compartimos juegos, canciones, la pequeña caminata al Castillo de Javier y también, la oración, la eucaristía y un momento entrañable(y muy emotivo) donde padres, abuelos, hermanos e hijos compartimos lo importante que es nuestra familia y como vivimos la fe dentro de ella.

Un alto para rezar

Un alto para rezar

Como catequista, me pareció muy interesante compartir con los padres de los niños esta experiencia porque te ayuda a conocer más su realidad y te acerca más a ellos. Además así los padres también conocen más de cerca el trabajo que hacemos con   sus hijos.
Pero sin duda para mi lo más importante fue mi experiencia como hija (también hermana y sobrina). Realmente ir juntos a  esta Javierada ha dado fruto en mi familia, el compartir lo más importante de nuestra vida nos ha hecho conocernos y entendernos mejor. Ellos me han visto ir durante años a convivencias, peregrinaciones y campamentos pero solo ahora que han compartido esto conmigo (me han visto en mi salsa: cantando, rezando, tocando la guitarra, celebrando la eucaristía, jugando con los niños, compartiendo esta experiencia con mis amigos de la parroquia), pueden entender un poco más por qué es tan importante para mí dedicar mi tiempo a esto.
A la vuelta pudimos comprobar el éxito de esta aventura, padres e hijos estábamos más contentos y unidos y también algo nuevo había surgido entre las familias que habíamos ido, el germen de una comunidad formada por familias, el germen de una gran familia, lo que estamos llamados a ser la Comunidad de San Miguel.

¡Celebrando la Eucaristía!

¡Celebrando la Vida!