Acampada de fin de curso

Nuestro cuadernillo

Nuestro cuadernillo

Qué impulsa a un grupo de 68 niños de entre 5 y 11 años a dejar a sus padres durante un fin de semana? ¿Qué se mueve en las entrañas de un grupito de 16 jóvenes que prefieren “cuidar” niños antesde pasar unos días de descanso?

¡En la piscina!

¡En la piscina!

La necesidad de sentirse plenamente humanos, comprometidos, aprendices del amor, amados y cuidados. Tres días, sólo han bastado tres días para reconocer el rostro de Dios en cada gesto, en cada pequeñuelo, en cada mirada y llanto, en cada consuelo.

Somos Iglesia, somos familia “Somos familia, somos Iglesia”, era el grito de guerra de los días que compartimos juntos, sintiendo el beso de Dios en cada mejilla, guardando en el baúl de nuestros tesoros cada niño que enseña que el Reino empieza en ellos, y acaba en ellos, en los que son como niños.   Abrazar la ternura personificada ha sido el regalo más hermoso, conocer dolores y poner tiritas, la tarea más delicada, dejarse hacer al son de la propia vida, lo que se nos pedía a cada uno.

En catequesis

En catequesis

Hemos aprendido jugando a querernos, a hacernos uno, a acariciar la noche entre risas y llantos. El futuro son estos 68 dulces, necesitados de atención, cariño  y comprensión, maestros de vida.  El presente son esos 16 jóvenes, necesitados de tocar la realidad, dejarse despojar de máscaras, prender antorchas de un mundo nuevo que se mueve, que “da gratis lo que gratis ha recibido”, que no pone la lámpara debajo de la cama, sino que enciende la luz encima de la muralla, para que otros puedan contagiarse de ella.

Estos dulces que arriesgaron adentrarse en lo desconocido, conocer amigos, aprender juntos, estos dulces ya se grabaron a fuego en mis entrañas, con nombres y apellidos, con miradas concretas, con historias..

¡Qué dulce tu ternura, dulce de miel!
¡Qué dulce tu inocencia, desvelando cada gesto como el signo de la presencia y del amor de Dios entre los hombres!
¡Qué 68 abrazos, palabras, cuentos, momentos… más dulces!

Cada día siento la imperiosa necesidad de mantener cerca de mí, en lo íntimo, a esa pequeña que alguna vez fui, a esa pequeña que quiere seguir siendo, a esa pequeña que me mantendrá viva si la dejo ser. No dejes que se apague, el fuego del niño que arde en ti. “Volver a ser un niño”.

¡Volver a ser como niños!

¡Volver a ser como niños!